Había un gran “respeto” por esos
muchachos que agarraban un tambor, un cuatro y una sonaja, aprovechando la
época decembrina, para pedir “aguinaldo”. Que no era otra cosa que tocar y
cantar algo de música de esta hermosa temporada y recibir a cambio algún
presente, algo de dinero y muchas veces, alguna hallaca y pan de jamón.
Sí, el dueño o dueña de la casa,
mandaban a apagar el picó, equipo de sonido de entonces, para escuchar a los
aguinalderos, que al finalizar su actuación colocaban el cuatro en posición,
para recibir en la caja del instrumento algunas monedas. Este aporte era
repartido entre los miembros del grupo aguinalderos o servía para comprar en la
bodega del barrio,.algún pan y refrescos. Lo cual era todo un festín.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario