Lenin señalaba que sin conciencia revolucionaria no podía existir revolución. Ahora, quién podría esperar que esta gran banda de adecos, copeyanos y afines que ahora están en el gobierno puedan pensar como revolucionarios, sólo porque ahora andan vestidos de rojo. Los genes de la corrupción, las componendas, el tráfico de influencias, la burocracia y todos los males, andan enquistados en esos personajes que ahora conforman la llamada "Boliburguesía" venezolana.
¡Claro que existe conciencia! pero la de los vicios,la corruptela y un largo etcétera. La conciencia comienza, en "póngame donde hay" o en hacer dinero sin hacer mucho esfuerzo, lo demás es considerado como "eres un bolsa más con ese sueldito". Hay que estar cerca "donde está la mantequilla". Hay que estar cerca donde "pásame algo y te resuelvo eso rápido".
Hay quienes pregonan que "hay que hacer una campaña" contra algo, pero resulta que la misma campaña es fuente inagotable de los mismos dineros "mal habidos" como decía la abuelita.
La "campaña" es una campaña para hacer unos reales. La campaña para concientizar contra la corrupción abulta las cuentas bancarias de unos cuantos que fueron concientizados, con anterioridad, a saquear los dineros públicos. Recuerdan aquello de "con los adecos se vive mejor, ellos roban pero le dan algo al pueblo".
Hay una conciencia de que quien no se "colea", quien no se come la luz del semáforo, quien no pide comisión, etc,etc, es un "tronco de pendejo". Entonces resulta que, según la conciencia adquirida,eso es a consecuencias de " la viveza criolla".
Cómo le vamos a pedir a un adeco o a un copeyano o alguno de sus descendientes que sea revolucionario cuando en sus venas corre sangre "concientizada" por los grandes líderes corruptos de la historia, sin duda, es como pedirle "peras al horno".
Sin duda que la conciencia no se compra en esa carnicería que iban a "pasar a manos del estado", ni se consigue en esa quinta que iban a "expropiar" o se le puede pedir a esos "hijos de papá"o a esos líderes que siempre han violado los derechos humanos o que sirven a intereses del imperio o los que por malcriadez congénita quieren tener "el carrito del amiguito" cueste lo que cueste. Es como pedirle a Ulises que no escuche "los cantos de ballenas".